Podemos pensar en un momento dado que Bruselas es una ciudad gris llena de burócratas y políticos de la Unión Europea, ya que casi siempre que aparece en los medios es por razón de ser la ciudad que alberga la capitalidad de dicha Unión.
Pero nada más lejos de la realidad. Pasear por las calles de Bruselas es como hacer un viaje al siglo XVIII por sus lujosas residencias y callejuelas con todo tipo de comercios y restaurantes de platos típicos.
El centro de la ciudad alberga la que es considerada la plaza más bonita de Europa, la Grand Place, Patrimonio de la Humanidad desde 1998 en la que hay que destacar de sus edificios el Hotel de Ville o el Ayuntamiento, aunque toda ella es impresionante.
Por una de las calles aledañas a la plaza, salpicada de establecimientos donde se ofrecen los exquisitos chocolates belgas y prendas de encaje, de los más apreciados del mundo, llegamos ante una graciosa estatua de un niño orinando, que se trata del famosísimo Manneken Pis.
En el norte de la ciudad se encuentra otro de los destinos irrenunciables en una visita a Bruselas, el parque Laeken, con su prestigioso invernadero, además del Atomium, estructura de esferas de hierro que representan un átomo, verdadero símbolo de la ciudad, que se levanta cerca de allí y forma parte del Brupark, sitio que alberga al lugar conocido como “Minieuropa” donde podemos admirar reproducciones de las principales atracciones de ciudades europeas, como los canales de Venecia o el Big Ben de Londres.
Otros sitios de interés son el Teatro de la Moneda , el Palacio Real, el edifcio de la Bolsa, el Palacio de Justicia y bastantes iglesias como la Basílica de Koekelberg y la Catedral de San Miguel y Gúdula.
Al ser un centro político de primer orden casi todas las compañías low cost operan en la ciudad por lo que no es difícil conseguir un vuelo barato a Bruselas.